Podestá: Pequeña Gran Escala
Fotografias: MEC | Juan Pablo Flores
A Octavio Podestá se lo conoce por su obra urbana, esa que uno se cruza al caminar por la Rambla, atravesar un parque o salir de un edificio público. Sus gigantes piezas escultóricas conviven con el movimiento de la ciudad como un vecino más. Pero poco se sabe de su proceso creativo: cómo esas obras alguna vez fueron idea, ilusión o locura.
A los 97 años, Podestá resolvió que lo que quería mostrar era justamente eso: las maquetas de lo que fueron -o quizás no llegaron a ser- algunas de sus obras. Así nació “La escala Podestá: una exposición de maquetas e ideas para la ciudad”, que bajo la curaduría de Federico Lagomarsino muestra cerca de 50 maquetas que perfectamente podrían llamarse esculturas en el Museo Gurvich.

Fotografias: MEC | Juan Pablo Flores
Elegidas y distribuidas arriba de grandes mesas de caballetes por Lagomarsino, las piezas funcionan como pistas sutiles hacia la forma de pensar y crear del artista. Aparecen rollos de papel higiénico, trozos de espuma plast, envases plásticos, maderas, alambres, implantes dentales, maples de huevos, cajas, tapas, tapitas, una larga lista de materiales domésticos. Aunque no están identificadas, algunas fueron realizadas, otras son meros ejercicios y varias resultaron inescalables. Sin embargo, el escultor no descarta prácticamente nada; en su modus operandi solo “el tiempo y las circunstancias dirán”, señala Lagomarsino.
Sobre las paredes, frases breves pintan a Podestá en persona: “La escultura era monumental. También lo era el precio”, “El cliente pidió “algo” de cinco metros de altura” o “Al final esa maqueta quedó en la nada”.
Con esas palabras, que entran y salen en el recorrido según cuánta atención les preste el visitante, también cuenta algunas anécdotas. Como la vez que una escultura quedó “accidentalmente dada vuelta” en el taller y “casi” lo aplasta. “Después me di cuenta que era mejor así. Y así la instalé. Al revés”, remata. O cuando le propuso al entonces intendente de Montevideo, Mariano Arana, una escultura que fuera una “barrendera móvil”: “Mariano me escuchó y al final me dijo que no, que estaba loco”.
La exposición de Podestá es sincera, como el artista. No pretender mostrar las grandes creaciones -esas ya están en las calles- sino compartir el universo más íntimo del taller, donde crea, prueba, cambia, descarta y conserva -”a buen resguardo”- cientos, sino miles, de maquetas. La escala de las piezas es protagonista y a la vez desaparece, colocando las obras al alcance de la mano y la vista. “La muestra no esconde una humorada, tiene que ver con que no hay limitaciones materiales para el pensamiento artístico”, explica el curador. Podestá “no necesita bronce, mármol o acero para poder pensar artísticamente, con imaginar otra escala u otra materialidad basta”, agrega.
Una gigantografía del artista al lado del ascensor suma su sonrisa afable al recorrido. Y quienes se queden con ganas de más, pueden cambiar de escala y continuar la visita acercándose a sus obras en el parque de las esculturas del edificio Libertad o en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry.
“La escala Podestá: una exposición de maquetas e ideas para la ciudad”, Museo Gurvich (Sarandí 524), hasta el 19 de octubre. Lun a vier de 10 a 18 h; sab de 11 a 15 h.
