Ladrillos, cerámica, calabazas, colores neutros, espacios amplios e iluminados. Esos son los materiales y las primeras impresiones al recorrer «Rosa Luna», la nueva muestra de la Fundación Cervieri Monsuárez, en José Ignacio. Por eso, quien entra esperando plumas, brillos y tambores —las imágenes que la reina del carnaval afrouruguayo convoca casi de forma automática— se encuentra con algo inesperado. Y en ese desconcierto está precisamente la potencia de la muestra.La responsable del impacto es la artista brasileña Mônica Ventura (São Paulo, 1985), que concibió el proyecto especialmente para este espacio de arte. Ventura no llegó a Uruguay para celebrar a Rosa Luna, sino para pensarla en su contexto. Si bien el punto de partida es su figura, el resultado es una reflexión sobre memoria, resistencia y las formas silenciosas en que las comunidades afrodescendientes han preservado su identidad a lo largo del tiempo.

A partir de esa lectura y bajo la curaduría de Roxana Fabius, la artista desplaza materiales propios de la arquitectura local —como el ladrillo, el barro y los sistemas modulares de construcción— hacia el campo escultórico. Se apoya en el pensamiento de Eladio Dieste -ingeniero con cabeza y corazón de arquitecto- y utiliza estos elementos para crear vínculos entre el cuerpo, la materialidad y la memoria. Ventura se aproxima a esta exposición como quien se detiene en una intersección de caminos, dice Fabius. “En ese cruce convergen distintas dimensiones de su práctica, y posiblemente de su persona: la historia de las diásporas africanas, los materiales de construcción vernáculos, los espacios rituales y espirituales y el rol de la mujer negra en la sociedad”, describe.

Encontrarse con la figura de Dieste la guió hacia los materiales con los que construye su cuerpo de obra. Conocer la iglesia de Cristo Obrero, en Atlántida, confirmó su camino. Quizás por eso su obra se integra como una pieza más al edificio diseñado por Rafael Viñoly, con su muro curvo construido con bloques de piedra tallada y coronado por un bosque nativo. Las más de 15 instalaciones que habitan la sala, y que Ventura llama cuerpo-arquitectura, rinden homenaje a esta mujer emblemática del carnaval. Pero, al mismo tiempo, son un eslabón más en el cuerpo de obra que la artista viene trabajando los últimos años, con grandes instalaciones en lugares como el Instituto Inhotim (Belo Horizonte) y la Pinacoteca de São Paulo, “donde los visitantes se enfrentan a encuentros monumentales de dimensión espiritual”, señala Fabius.

Esa misma comunión sucede al recorrer sus esculturas que, aunque en distintas alturas, están siempre coronadas por calabazas blancas, negras o en tonos neutros. Hay una que es la excepción, al fondo, que se posa sobre un pilar torneado y que brilla, como Rosa Luna. El recorrido no termina allí. En la sala principal hay dos lienzos de gran tamaño y en el centro Ventura construye una suerte de plataforma, también en ladrillo, que invita a contemplar desde abajo la grandeza de estas mujeres-pilares.

“Los pilares que articulan la exposición representan a mujeres que sostienen comunidades, historias y formas de vida. Sobre ellos descansan calabazas realizadas en distintos materiales, un elemento presente en diversas cosmologías afroindígenas que aparece aquí como recipiente de vida, memoria y conocimiento ancestral”, explica el catálogo de la muestra.

La muestra continúa -o cierra- en el subsuelo, donde se exhibe una videoinstalación realizada en colaboración con Hermosa Intervención, un colectivo afrouruguayo de mujeres y disidencias afro e indígenas, con la participación de la cantante y activista Chabela Ramírez. Concebida como un espacio de encuentro entre la artista y la comunidad afro local, la obra incorpora el canto, la danza y la creación colectiva como formas de activar memorias compartidas y poner en diálogo las experiencias de las diásporas afro de Brasil y Uruguay.

La exposición se puede visitar hasta fines de noviembre, cuando la Fundación dará la bienvenida a las muestras de verano. Inaugurada en 2024 con el compromiso de fortalecer la escena de las artes visuales en Uruguay, su misión es crear un espacio de intercambio, aprendizaje y transformación que contribuya al desarrollo cultural y a la integración de lo local en el circuito artístico internacional.

“Rosa Luna”, de Mônica Ventura, en la Fundación Cervieri Monsuárez (Eugenio Sainz Martínez esq. Los Cisnes, José Ignacio), con curaduría de Roxana Fabius. Hasta el 23 de noviembre, consultar días y horarios en http://www.fcm.com.uy

 

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