Entrevista Adela Casacuberta: "Este ha sido un año de mucha exposición"

Adela Casacuberta tiene la agenda llena. El 2026 no está siendo un año cualquiera para la artista uruguayo mexicana: además de ganar el Premio Montevideo de las Artes Visuales participó en el rodaje de un documental que narra tres historias de personas con esclerosis múltiple, una enfermedad que la acompaña desde hace más de 20 años. Los proyectos, que a priori podrían parecer desconectados, tienen algo en común: visibilizar y reivindicar la autonomía en la vida cotidiana.
La videoinstalación “Autoperformances (acciones con una sola mano)”, que fue filmada por su hermano Pablo, cineasta y escritor, se exhibió en el Centro de Exposiciones Subte y ahora forma parte del acervo del Museo Blanes a la espera de una gira, adelantó la artista.

El documental “Cuerpo incómodo”, dirigido por Estefanía Martínez, está en proceso de
edición y prevé estrenarse a comienzos de 2027.

 

¿Cómo surgió la idea de hacer la obra “Autoperformances”, que ganó el Premio Montevideo de las Artes Visuales?


Mi esposo y gente que me quiere y me rodea, como mi hermano, me fueron diciendo
“tienes que hablar de ti en las obras, de lo que te pasa”. Fue un proceso de tratar de
entenderlo y de animarme a mostrarlo. No fue hasta que una curadora internacional, con la que tuve una revisión de portfolio, me dijo “está buena tu intención, es un buen camino”. Ella validó las cosas que me venía diciendo mi entorno y ahí empecé a hablar de las cosas que me pasan. Tengo una forma única de hacer las cosas, mi forma. Todos la tenemos, pero capaz que la mía la he tenido que observar y adaptar particularmente.

Ya venías trabajando con la adaptabilidad de los seres vivos, por ejemplo con la obra
“Hongos rosados en los jardines del museo”, que presentaste en 2024 en el Museo
Nacional de Artes Visuales.


Sí, es cierto. También ya había trabajado con mi cuerpo en una obra anterior del Premio Montevideo, que tenía que ver con el dibujo, con retratarme con la mano que puedo mover y con los problemas de visión que tengo. Era tratar de identificarme, de lograr una gestualidad en el dibujo y lograr la gracia, las similaridades y destacarlas.

¿Cómo fue el proceso creativo en este caso, en el que trabajaste puntualmente con
acciones cotidianas?


En mi vida está muy presente la insistencia que tengo en la autonomía, en las cosas que
efectivamente puedo realizar yo misma. No pedir todas las cosas, ya pido 900 favores por día. De repente me di cuenta que esa insistencia iba marcando una especie de
performance, de interpretaciones para lograr conservar esa autonomía.

¿Siempre tuviste claro qué escenas querías mostrar?

 

No, me di cuenta de una primera, que es la de prender la luz. Me di cuenta que esa era una acción singular, porque además de que no puedo caminar, hay muchos grupos musculares que no me funcionan; no tengo fuerza abdominal como para levantar el brazo hasta donde está la llave, entonces tengo que escalar la pared. Me di cuenta que era una escena bastante linda y bastante única. Vino a mi mente que quería retratar estas escenas y se me ocurrió hacer un conjunto en el que interactúo solo con objetos.

¿Siempre fueron ocho escenas?


No, cuando presenté el proyecto eran seis, pero el texto mencionaba dos escenas más. Y
cuando me seleccionaron las filmé. Una es lavarme una sola mano, que es la única que se ensucia pero también la única que necesita estar limpia. Y la otra amasar el puñadito de barro, que es la única cerámica que puedo hacer yo sola, imprimir la fuerza de mi puño. Tengo una obra sobre este tema seleccionada en el Premio Nacional pasado y me gusta que mis obras se vayan relacionando, conectando, referenciando.

En general trabajás con ayuda de un equipo, no solo de artistas, sino personas de
distintas disciplinas. ¿Cómo se arma el puzzle?


Para vivir necesito mucha ayuda, me ayuda mucho mi esposo, mis hijos, enfermeros,
fisioterapeutas… Y para trabajar me ayuda un equipo que se va adaptando según el
proyecto. Hay un equipo estable y luego se van sumando personas. Para la instalación que hice en el Museo Nacional, “Hongos rosados…”, había que amasar 600 kilos de barro, entonces trabajé con este equipo estable, pero además se fueron sumando voluntarios, gente que se iba enterando y le gustaba la idea.

En la obra del Premio Montevideo trabajaste con tu hermano Pablo que, entre otras
disciplinas artísticas, se dedica a la realización audiovisual.


Nos gusta colaborar. Es raro verse filmado o fotografiado por otro, pero me gusta cómo me filma Pablo, porque es exactamente como me veo yo, como me veo en el espejo, logra esa visión de mí misma. Igual es un poco impactante verte ahí filmada y hacer unos gestos que no te gustan, que aborreces, tratando de compensar la fuerza que falta en otras partes; aunque otros sí me gustan muchísimo. Todo el tiempo estoy pensando“esto sería una buena acción para hacer un video”, para seguir filmando.

¿Participaste de la edición y el armado?


No, lo delegué por completo al creador fílmico, confié en su criterio. Hay cosas que yo
hubiera cambiado, pero la única razón era estética. Sí intervine en los títulos, los estuve
ajustando, ya que eran autoperformances. Era importante que en los títulos quedara claro que no es “lavarse las manos” sino “lavarme la mano”. Mostrar cómo el cuerpo interactúa con el entorno, que no es un ente fijo, sino un sistema de relaciones con el entorno, con los objetos, con las personas. Es un entramado más complejo

¿Y qué sentiste luego cuando la obra llegó a la sala e interactuó con el público?


En general, en mi trabajo tengo muy linda relación con el público, muy directa. Siempre acompaño la obra con un texto breve, para contar por dónde andaba mi cerebro. Y la gente es muy generosa, sigue mi obra. Como gané el Premio, la obra tuvo mucha más visibilidad que una exposición común, donde el público es más cerrado, más limitado. Hay mucha más gente mirándolo, es difícil pero está bueno.

Más allá de lo artístico, ¿hay un interés por visibilizar y difundir la vida con
esclerosis múltiple?


Yo no hablo de la enfermedad en mi obra ni en el texto. Me gusta que se visibilice el tema, porque afecta a miles de personas. Uruguay es el país de América Latina donde hay más casos y en el mundo son millones. Este último año ha sido de mucha exposición, estoy participando en un documental que filma Estefanía Martínez, también diagnosticada con esclerosis múltiple. Ella cuenta su historia, la mía y la de otra uruguaya que vive en España. Es el relato de nuestras tres esclerosis, así que nos filman íntimamente. Es un documental real, que va a formar parte de circuitos y festivales, todo el mundo lo va a ver en pantalla grande. Aparecen momentos muy íntimos, haciéndote una resonancia magnética, en un cumpleaños, en mi casa desordenada, sin maquillaje. Es abrir las puertas de la intimidad absoluta, ahí no tengo el control, no es como con mi obra, dónde podría decir “esto no lo contemos así”. Esta es la obra de otra autora y es interesante ver cómo te ven.

La obra “Autoperformances” es premio adquisición y ahora pertenece al Museo
Blanes. ¿Qué planes pensaste para ella?


La obra está guardada en el Museo Blanes. Voy a empezar a moverla, dentro y fuera de Uruguay, pero aún no tengo noticias.

¿Estás con algún proyecto nuevo?

Estoy trabajando en unos dibujos, es lo que postulé al Premio Nacional y aún no están los resultados.

Alguna vez dijiste que usás los premios como método de trabajo, ¿por qué?


Totalmente, es la forma que tengo para hacer crecer mi cuerpo de obra. Necesito la
zanahoria por delante. Para el artista, presentarse al premio es ganancia. Todo el proceso es ganancia: hiciste una obra nueva, un planteo conceptual, un desarrollo teórico, bocetos, actualizaste el currículum, son todos documentos con los que ya creció tu obra. Entonces, lo utilizo como proceso de producción.

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