ENTREVISTAMOS A FERNANDO LÓPEZ LAGE PARA SABER MÁS ACERCA DE SU ÚLTIMO LIBRO SENSOR DE CONTINGENCIA
Es difícil hacerte preguntas sobre este libro que no cesa de arrojarlas; al mismo tiempo, lo escrito se afirma y dialoga, o, mejor dicho, pone en diálogo, casi provocando una suerte de sinfín, quisiera detenerme en algunos aspectos que me llaman la atención y que creo aparecen en tus libros, como esa capacidad de tomarle el pulso al tiempo -con esta expresión intento resumir un estado general de las cosas-. -¿Qué implica para vos pensar hoy?
Creo que es un acto que ya no puede separarse de lo externo a lo humano, entendiendo esto como lo que está fuera de la mente y la racionalidad. En mi caso, el pensar lo tengo muy asociado al arte y sus sistemas. Es como un gran borrador donde las ideas se van reconfigurando, y no solo depende de los sujetos humanos: hay derivas y fenómenos que interceptan lo que constituye el pensamiento actual, que también es un gran borrador. Esas derivas pueden ser no humanas, artificiales, etc., y hacen que el pensar sea también una contingencia. El arte es un sensor, un estado y una alerta para pensar las contingencias.
– ¿Creés que llevar el pensamiento al límite puede llevarnos a dejar de hacer algo, como una forma de preferir no hacerlo, después de haber tensionado lo suficiente ese pensamiento?
Ojalá abandonemos muchas cosas; hay un hacer responsable aparentemente exclusivo de los humanos. Creo que es hora de empezar a subvertir ese paradigma y dejar que el cansancio, el abandono, la desidia comiencen a ser una forma de liberación de la violencia que heredamos. Parece imposible de reivindicar o contracorriente. La violencia que está incrustada en los saberes y la seguimos aprendiendo desde la implantación de la cultura del trabajo y del libro se deconstruye desatando esos nudos.
Cuando nos referimos en forma negativa al tiempo perdido, al divagar, al dormir de más, al perderse, aludimos a actos que comienzan a suplantar las formas de resistencia contra el capitalismo. Capaz que llega el momento en el que los humanos no nos vamos a caracterizar por tener pensamiento y razón, sino por otras cualidades que deben ocupar la parte del cerebro que no usamos y otras dimensiones que no conocemos. La IA quizás, más adelante, explique dónde está la falla del pensamiento que hace que los humanos estemos centrados en nuestra propia constelación de ideas y que, además, sigan siendo insuficientes para resolver la violencia de los saberes que provienen del propio pensamiento.
– ¿Cómo pensás el ejercicio de pensar junto a otros? ¿Qué significa para vos ese “pensar con otros”?
Es un ejercicio que reconozco como de los más importantes; no entiendo el pensar ni el escribir sin los otros.
La intertextualidad, la cita, son cosas que desarticulan paradigmas de lo fijo. Por ejemplo, para los que sostienen que lo original proviene de un genio, la cita o el apunte al margen son cosas de segunda. Esto me hace acordar al póster (que tenemos pegado en la pared de la cocina del FAC), una curaduría de Alejandro Cesarco en la 33.ª Bienal de San Pablo. El afiche tiene una frase que alude a Charles Chaplin participando en un concurso de sosías donde el propio Chaplin terminó en tercer lugar. Más allá del mito urbano de este suceso, es bueno pensar que ni siquiera Charlie Chaplin es igual a sí mismo. Cosa que me remite a que pensar con otros es la única forma de habitar el mundo, porque nos recuerdan esas anécdotas, por ejemplo.
– Paul Éluard decía algo así como que había otros mundos, pero que todos estaban en este. En sensor de contingencia esto pareciera entrar en acción y desarrollarse. Al mismo tiempo, en todos tus libros presiento un tono que sugiere un “todavía”, una apuesta a lo que adviene incluso en los escenarios más adversos. En ese sentido: ¿Qué hallás en el espacio generado al escribir? ¿Qué se puede sostener desde ese espacio narrativo?
Sí, Éluard terminaba esa idea con “hay otras vidas, pero están en ti”. Más allá de mi admiración por el poeta, también creo que hay otras vidas y posibilidades (mundos) fuera de nosotros. Creo que existen otras ontologías que malentendemos y que esas vidas exógenas no son responsabilidad nuestra, y además es posible que no nos registren. Existen concatenaciones de sucesos que escapan a nuestra voluntad, y finalmente el mundo es a lo que accedemos desde el lenguaje; pero eso también actúa con lo que no tiene palabras, ni números ni símbolos, que habita en otras galaxias o dimensiones que se expanden con lo alien.
El escribir archiva las preguntas para volverlas caducas en muy poco tiempo. Pero es lo que tiene de bueno el ejercicio, en mi caso: saber que muy pronto todo será parte de una capa de la ficción moderna. Como cuando leemos un anónimo de la Edad Media y recurrimos a imaginar desde la ficción de la ficción. Y ver cómo en el pasado hubo preguntas que se conectan con el futuro, porque, por ejemplo, un trovador medieval no era antropocentrista; Dios era el centro del universo medieval. Rescatar la Edad Media quizás es un acto futurista; por eso creo que los espacios narrativos, de la época que sean, siempre conforman las preguntas del presente hacia el futuro. Y el rescate de la Edad Media no es para rescatar el teocentrismo, pero es un espacio sin las pautas de la institucionalidad moderna, y eso ayuda a pensar mejor el futuro entre todos.
-¿Qué lugar ocupa la música en tu producción? ¿Cómo se cuela, qué encontrás o qué abre en tu proceso creativo?
La música es fundamental para expandir lo que suponemos de la realidad. Hay algo que conecta con el cuerpo muchas veces y permite que las ideas se desocupen de sentido, o desocupen la cabeza. En Sensor de contingencia hay un capítulo que alude a cuando Giorgio Moroder y Donna Summer (I Feel Love), en un acto ritualista, hacen que el soul comience a incorporar la caja de ritmos: se implanta un latido de corazón exógeno y artificial que, además, invade el cuerpo de Summer para generar determinados movimientos que la alejan de lo humano y la acercan a lo maquínico. La encarnación de la máquina en el cuerpo de Donna Summer extasiada y viceversa. También la música fue y sigue siendo una forma de salida, de expresión de las violencias sobre comunidades minoritarias, como la afro o la LGTBQINB+, y la música disco, por ejemplo, fue una expresión de la arqueología de lo afrofuturista. Recién cuatro o cinco décadas después entendemos que el diseño de los trajes plateados, bolas de espejos, luces estroboscópicas, ya eran parte del futuro.
Black to the future, porque el presente del racismo es demoledor. Desde esos lugares me interesa la música, la hibridación de disciplinas y cómo las arqueologías se expanden. Desde esta impronta llegamos al house en Francia, el rap de EE. UU. y a Owerá, un artista de rap brasileño que canta en guaraní. Ahí hay expansión y subversión; la música trae algo impensado para los modernos, disruptivo y extranjero en nuestra propia tierra.
– ¿Hay alguna pregunta sobre Sensor de contingencia que todavía no te hemos hecho y que creés que sería necesaria plantear?
No, por favor, ahora necesitaría preguntarle a ustedes.
SENSOR DE CONTINGENCIA ES EL TERCER LIBRO DE LÓPEZ LAGE EDITADO POR ESTUARIO EDITORA, LE ANTECEDEN MADMAXISMO (2021) EL COLOR PHARMAKON (2018)
SENSOR DE CONTINGENCIA se encuentra en Lautréamont Librería, Escaramuza entre otras.
Ana Strauss
